el siguiente texto proviene de “blessed is she” (bendita es ella) , un blog de mujeres católicas en línea.


Más acerca de Consagraciones a María

Como católicos, tenemos un mostrador riquísimo de dones espirituales a nuestro alcance. Nuestra Santa Iglesia ofrece oraciones, devociones, liturgias y tradiciones que tienen algo para todos, sea cual fuera la personalidad o es estado de vida de los filigreses. Una de las tradiciones que se viene practicando hace siglos es la consagración Mariana. Consagrarse a Nuestra Señora es un camino profundamente espiritual y de mucho impacto en nuestra santidad.

¿qUÉ ES LA CONSAGRACIÓN A MARÍA?

Una de las definiciones de la palabra “consagración” es “dedicarse formalmente a un propósito religioso o divino” [source].

La consagración Mariana es el acto de poner nuestro cuerpo, alma, posesiones, obras, y nuestra vida entera bajo la protección, orientación e intercesión de Nuestra Señora.

El hecho mismo de entregarnos al cuidado de María y su intercesión no es nuevo. El propio Jesús le entregó su dicípulo amado, Juan, a María cuando padecía en la Cruz (Juan 19:26-27). Los primeros cristianos y padres de la Iglesia reconocieron la santidad de María y su significado como Madre de Dios. Hemos estado pidiéndole intercesión a María e intervención en nuestras vidas desde el comienzo de la Iglesia. Ellla es, después de todo, nuestra madre también.

Un método más formal para la consagración a María la presentó San Luis de Montfort en los 1600s. [Sus 33 Días de Oración] consiste en pequeñas instrucciones sobre el por qué uno se consagraría a María de comienzo (más sobre el tema abajo), rezar el rosario, y rezar otra variedad de oraciones a María y a Dios. Ese periodo de oración culmina en una bella oración de consagración que uno hace en conjunto con el Sacramento de Reconciliación y recibiendo la Santa Eucaristía, de preferencia el día de la Fiesta Mariana.

¿Por qué consagrarme a maría?

¿Cúal es el propósito de consagración a María al fin y al cabo? ¿Qué pasa si ya tengo una devoción a María, y rezo el Rosario y ya pido por su intercesión?

Consagración a María es simplemente llevando más allá o profundizando nuestra devoción y relacionamiento con Jesús a través de Nuestra Señora. Si ya tienes un cariño especial por María y hablas con ella frecuentemente, la consagración es un siguiente paso muy natural. Pero si realmente no tienes una devoción o conoces a Nuestra Señora, y no te convences del movimiento, la consagración Mariana puede ser el puente que te une a ella de una forma especial.

Cuando nos consagramos a María, le damos nuestra vida y nuestro ser por completo, así como todo lo que ameritamos por nuestras oraciones y obras para que pertenezcamos más enteramente al Señor. Le damos todo lo que somos y hacemos a María para que se lo presente al Señor y haga con ello su voluntad.

¿Por qué darle todo a María? Porque ella es una madre buena. Sólo quiere lo mejor para nosotros y todos sus hijos. María quiere conocer, amar y servir a Jesús aún más. Ella quiere que llegemos al Cielo, más que lo que nosotros mismos lo queremos. Ella invierte en nuestra felicidad, tanto temporal como eterna. María toma todo lo bueno en nosotros y lo que hacemos, agrega su gracia y se lo presenta a su Hijo. Y lo mejor de todos es que cuando ella nos presenta a Jesús, nuestra pequeñéz y nuestros esfuerzos insignificantes, El no nos rechaza, porque El nunca rechaza a su madre.

¿No puedo simplemente consagrarme directamente a dios?

¡Claro que sí! Al fin y al cabo eso es lo que la consagración Mariana logra. Cuando nos consagramos a María, realmente nos estamos consagrando a Jesús a través de María. Están tan íntimamente unidos que verdaderamente darnos a María no resulta en nada menos que total entrega a Dios.

Al consagrarnos a María, con total fé y alegría nos lanzamos a los brazos de nuestra madre, sabiendo que ella está ahí para nosotros, nos ama y quiere vernos santificados. No puede ser otro el resultado con la Consagración Mariana.

la meta definitiva de la consagración mariana

Todos somos llamados a la santidad. Dios nos creó para que fueramos santos. Hemos sido creados para conocer al Señor, amarlo y servile. Consagrándonos a María es una de las formas en que crecemos en conocimiento, amor y servicio. Si dejamos que María nos lleve de la mano, nos llevará a su Hijo. Ella sabe, ama, y se sirve, mejor que nadie. Tenemos tanto que aprender de su vida, y tanto que podemos ganar al ponernos en sus manos.

¡María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, y nuestra Madre, reza por nosotros!